Que todos sean todos, y vos seas vos :)

La puerta llorona

Desperté, en mis sueños como siempre, frente a la entrada de la casa de mi tía Vanessa. La casa que desde niños, ha aterrado a los que habitan en ella, a los que la visitan y sí, también a mí. Delante de mi mirada, estaba la puerta blanca de la entrada, que de un empujón se abrió y como siempre, la mezcla de la curiosidad con el miedo nos invitaba a dar un paso adelante y entrar a ese lugar donde uno se siente observado aunque no haya observador humano.

Al entrar, noté que me acompañaban Marcelo, Bianka, Ulises y Jose Andrés. Como casi siempre, yo caminaba hasta adelante. Empezamos a buscar por todos lados algo que no sabíamos qué era. Como cuando al salir de casa, uno regresa porque olvidó algo y al entrar también olvidó por qué regresaba, y observa detenidamente las cosas para sentir ese chispaso de encontrar lo que uno estaba buscando sin recordar. Empezamos a perdernos en los pasillos y rinconces de la casa, hasta que yo me topé con la puerta del antiguo cuarto de Estefanía, en el que dormía cuando niña.

Lo había encontrado, eso que buscaba. Me quedé detenido, viendo la puerta, escuchando ruidos en mi cabeza, como los que hacen las máquinas que almacenan energía, una vibración magnética o algo similar. Y viendo la puerta, frente a ella, ésta… empezó a llorar. La puerta empezó a llorar.

Le salían lágrimas de los entrepaños verticales, se podía sentir la tristeza que sentía esa puerta. Cada vez lloraba más fuerte, crujiendo, y por supuesto, aterrándome. Llamé a todos para que se acercaran a ver, y solo Ulises se atrevió a llegar. También le costaba creer lo que estábamos contemplando. El sollozo de la puerta aumentaba conforme a los segundos, hasta que lágrimas empezaban a salir por el suelo, las visagras, la cerradura y por debajo del dintel. La puerta no resistiría más y grité a todos que era momento de retirarnos.

Saliendo de la casa, la puerta reventó y salió disparada hacia la pared frente a ella, produciendo ruidos aterradores. El agua corría sobre el suelo de la casa, llegando hasta la calle. Cuando alguien empezó a salir de la habitación detrás de la puerta, una sombra que montaba sobre una motocicleta (o tal vez una bicicleta). Era una sombra, un solo color negro de bordes nítidos. Nos perseguía.

Corrimos por la calle, y decidí tomar el camino largo (que en la realidad, es el corto). Corriendo me di cuenta que estaba usando otra ropa, un tanto deportiva, con colores fluorecentes como los que se usan en carreras nocturnas. Llegamos a un parque parecido al de la Calle de los Campeones en Mixco. Empezábamos a subirnos a la banqueta cuando noté que unas sábanas translúcidas estaban flotando en el centro. Eran fantasmas. Emitían colores suaves, como las pulceras de fiestas luego de unos días que brillan en la obscuridad. Verde, amarillo y rojo eran los colores. Decidimos seguir por la calle.

Al terminar la calle, nos encontramos con una fachada altísima y blanca de la casa de Karen (amiga de Estefanía). Entré y estaban ahí, sentados, con un silencio incómodo entre ellos, mis primos y hermanos. Inclusive con los que venía corriendo. Les empecé a contar que la puerta de Estefanía estaba llorando, explicando que sacaba lágrimas y ni agua y mucho menos sangre.

Seguí caminando por el pasillo de esa casa blanca, encontrando unas escaleras hacia un piso bastante superior. No tenían pared, así que desde las priemras se apreciaba la sala donde estaban todos sentados. Les pregunté si alguno me quería acompañar a traerla (a Estefanía, supongo) y algunos aceptaron y empezaron a subir. Uno de ellos rompiendo una tubería que descargaba algo que parecía masa de panqueques. Esta caía en la cabeza de Ulises, quien estaba tan enojado, que ni siquiera se movía a un lado. Solo nos miraba con cara de que nos iba a reventar la cabeza (fue gracioso).

El sueño terminó mientras subía las gradas, hacia una puerta blanca que se encontraba bastante lejos. Desperté mientras subía, tal vez, por ella.

Diario de sueños.

A pesar de los meses, quizás años, que llevo sin escribir en Tumblr, hoy decidí volver a escribir.

¿Motivaciones? - El encontrar sueños viejos que escribí y revivirlos una vez más.

Así que, empezaré por los que me gustaría no olvidar más adelante.


Insurance

Una manera sencilla de hacer música. Con espacio borrás las notas que hayás puesto. Dale clic a los cuadritos y sale música.

Y pensar que lo tengo guardado de hace años.

(Fuente: mandaflewaway)

via lerivyu / hace 3 meses / 966 206 notas /

Soñé que fuí a la luna

Y vaya que la pasé genial.

No recuerdo cómo llegué, solo que ya estaba ahí, dentro de un complejo de túneles de plástico transparente, piezas de metal y maquinaria móvil.

Caminé por unos momentos a través del tunel en el que me encontraba, hasta que casi al terminarlo, me encontré con una mujer asiática de unos cuarenta y cinco años. Esta me explicó de una manera muy amable que, gracias a unos generadores de atmósfera, era posible estar caminando por ahí sin necesidad de equipo especial, pero al no estar terminado, no se podía pasar más de dos horas así por así. Había que resguardarse en las viviendas.

Me colocó un medidor de tiempo en el brazo, y me regaló un sudadero gris por el frío que había. Entonces la despedí, y empecé a caminar.

Habían bastantes viviendas instaladas, gente muy amable e inclusive una academia de ciencia o universidad. Hasta pensé que sería genial estudiar un par de meses en la luna. Caminé por toda la superficie gris y dura de lugar, respiré el frío aire de esa atmósfera y cuando me cansé, me entraron ganas de ir y conocer a alguien, por lo que caminé cerca de las casas que estaban por el camino donde andaba.

La gente socializaba en habitaciones espaciosas y poco adornadas, pero dormían en unos pequeños cuartos de plástico transparente, a los cuáles entraban a través de un tubo, algo así como en los juegos de Mario. Uno les podía ver cómo dormían, todos de a uno.

Al entrar a una vivienda algo grande, me recordé de mi hermano mayor, entonces le mandé fotos que había tomado del paisaje y unas selfies que también saqué. Cuando apareció un muchacho, asiático también, como de mi edad. Empezamos a hablar con gestos hasta que empezamos a balbucear un poco de inglés.

Habían niños en su casa, y su madre estaba ya durmiendo. Él se veía bastante interesado en mí, hacía muchas preguntas, parecía que no conocía la Tierra. Lo incité a conocerla, y que podía dormir en mi casa y yo enseñarle un tanto de Guatemala. Solo sonrió y dijo que en verdad lo pensaría. Le pedí su número de teléfono, le dí el mío. Sonreímos de nuevo.

Entonces sonó el brazalete de tiempo que cargaba, y bueno, me quedaban solo 5 minutos para regresar a la base donde supongo me estaba hospedando. Me despedí con más ganas de quedarme que de irme, y empecé a correr hacia la entrada del complejo.

Al acercarme, se abrió la compuerta. Me lancé hacia adentro, se cerró, y respiré profundamente. Cuando un hombre me tomó del brazo y me dijo: Segunda vez tarde Diego, tenés prohibido salir de ahora en adelante. Me quedé con mil nudos en la garganta, y desperté, con ganas de saber más de la gente de la Luna, y de la persona que justo conocí.

Gracias. Por todo, por lo que somos, lo que fuimos y lo que recordamos hoy.


Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
“¡Ayúdame a mirar!”
—El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano


Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:

“¡Ayúdame a mirar!”

El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano

via willibe-es / hace 1 año / 46 notas /

Delirios.

Sueño con que un día, la educación superior no sea un privilegio, del que menos del 1% de la población guatemalteca gozamos.

Sueño con que un día, los miles de compañeros imbéciles que tengo, dejen de serlo, despierten, y vean la realidad que yo siento día a día.

Sueño con que suceda no solo con todos los de la pública, sino también con mis camaradas de las privadas, que pasan 5 años estudiando y 15 pagando.

Que luchemos todos juntos un día, exigir lo que desde niños merecemos, educación, y de calidad.

Déjenme delirar, aunque sea por un ratito.

via nobbiedanger / hace 1 año / 38 016 notas /

(Fuente: sosuperawesome)

Leyendo Patas Arriba de Galeano mientras empiezan las clases de diciembre, se me ocurrió dibujar este gato <muy inspirado> en las cosas de artistas que veo en internet.

Leyendo Patas Arriba de Galeano mientras empiezan las clases de diciembre, se me ocurrió dibujar este gato <muy inspirado> en las cosas de artistas que veo en internet.

 
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