Lo que no mencionamos (o al menos yo)
Y bueno, una semana movida emocionalmente está terminando, superficialmente vencida, como muchas de las veces.
Hace ya más de 30 días que había dejado de tener esos sueños que gradualmente pasaron de incomodarme al despertar a gustarme y dejarme tantas sensaciones geniales, nuevas ideas y ganas de probar cosas un tanto diferentes.
Y esque sí, volvió a suceder, volví a tener de esas ilusiones mientras dormía, que estoy con alguien más y de alguna extraña manera me gusta. Pero esta vez fue más extraño, parecía que esta persona era una rara mezcla de la misma y alguien más. Lo cuento:
Desperté (en mi sueño) viendo todo de color sepia, subiendo gradas. Una tras otra, gradas y más gradas, gradas y gradas, gradas y gradas, por unos cuantos minutos. Hasta que alcancé un pequeño pasillo sin puertas ni ventanas. Caminé a través de el y me encontré en un ambiente algo más espacioso con una puerta en uno de los lados. Sabía quién vivía allí, si, Cygnus. No estoy seguro del motivo de mi visita, seguramente estaba re-materializando lo que recién había pasado unos días atrás, cuando de verdad lo visité.
Acercándome a la puerta, esta se abrió. De la habitación salió Cygnus y uno de mis buenos amigos. Algo impactado le pregunté:
- Y vos? Qué hacés acá?
- Hay, me dieron ganas de visitar a Cygnus y bueno, lo vine a ver.
- No entiendo nada en serio. Pero que bueno verte. (procedí a abrazar a mi amigo fuertemente, notando que Cygnus se alejaba de nosotros).
Supuse que se alejaba para darnos cierto espacio, para que nos saludásemos con más confianza. Le dije a César (si, mi amigo) que me esperase allí, caminé con C. y lo intenté saludar, aunque fue algo incómodo, puesto que llevaba un gran termo con café en su mano derecha. De igual manera le brindé un extraño y retorcido abrazo.
Hablamos unos segundos y le pregunté:
-¿Dónde vas a dormir hoy?
- No se, me parece que viene tu familia, así que pensé en dormir en otro lado.
-¿Puedo dormir con vos, digo, otra vez, juntos?
- Eso dependerá de vos ;)
Cuando le preguntaba mantenía mi vista hacia la habitación de donde habían salido, lo único que podía verse era una cama, bien ordenada. Me llegaban a la cabeza las noches que habíamos dormido ya juntos, pero algo extraño sucedía. Como siempre, compartíamos muchas sonrisas, de esas que vienen acompañadas con unas risas extrañas que salen porque sí. Y se me ocurrió tocarle la cabeza. Y he aquí lo inusual.
Pasé mis dedos sobre su frondoso cabello, como haciéndole piojito, pero observándo como lo hacía desde los ojos de alguien más. Todo mi brazo sentía unas cosquillas enormes a pesar de que era yo quien estaba tocando a alguien más. Cuando entonces noté que esa no era la cabeza de Cygnus, sino de alguien más. Me hice para atrás y me disculpé, y si, ya no estaba hablando con la misma persona, sino con alguien más, alguien que me empezó a gustar en el mundo real.
En fin, me desperté y nuevamente me sentí confundido, toda la mañana, toda la tarde, todo el día, toda la semana.
Y es que hace tanto tiempo que no me sentía tan frustrado por no poder estar con alguien, esa incapacidad de no poder ni siquiera expresar, por miedo o qué se yo, todo lo que sentís, dejar de disfrazar tus sentimientos en bromas retorcidas o indirectas de amistad. Esta vez no me gusta la misma persona, me gusta alguien más, y me afecta porque esta vez no es un sujeto utópico desde mi punto de vista, sino alguien tan cercano, al menos en los últimos meses.
En fin, me he sentido sin ganas de salir y hacer las cosas de una vez al año y todo es porque me gusta alguien más, y parece ser que me gusta de verdad. Lo siento.